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El tachón negro que no tapa nada

Le pasó a los abogados de un exjefe de campaña presidencial en un escrito judicial. Los periodistas tardaron minutos en leer lo tachado: bastó seleccionar el texto y pegarlo en otro sitio.

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En enero de 2019, los abogados de Paul Manafort presentaron un escrito ante un tribunal federal de Estados Unidos. Era un documento censurado: había párrafos enteros cubiertos por barras negras, como corresponde a información que el tribunal no había autorizado a hacer pública.

Los periodistas que cubrían el caso tardaron minutos en leer lo que había debajo. No hizo falta ninguna herramienta especial ni ningún conocimiento técnico. Seleccionaron el texto del PDF, lo copiaron y lo pegaron en otro documento. Las barras negras se quedaron atrás y el texto apareció entero.

Así se supo por primera vez que Manafort estaba acusado de haber compartido datos de sondeos de la campaña de 2016 con un antiguo socio de negocios ruso. Un detalle central del caso, publicado por accidente, por un error de dos clics.

Por qué pasa esto

Un PDF no es una imagen de una página. Es una lista de instrucciones: «pon este texto en estas coordenadas con esta tipografía», «dibuja este rectángulo aquí». El texto y el rectángulo son dos objetos independientes que conviven en el archivo.

Cuando alguien abre el PDF en un lector cualquiera y usa la herramienta de resaltado, o el rectángulo de dibujo, o pinta un párrafo de negro en Word antes de exportar, lo que hace es añadir una figura encima. El texto sigue exactamente donde estaba, con las mismas coordenadas y el mismo contenido. Simplemente hay algo dibujado por delante.

Cualquier cosa que lea el PDF sin renderizarlo ve el texto: copiar y pegar, la búsqueda del propio lector, un lector de pantalla o una librería de programación. La barra negra solo existe para el ojo humano.

La prueba de los diez segundos

Antes de mandar un documento censurado a alguien, haz esto siempre:

  1. Abre el PDF final, el que vas a enviar.
  2. Pulsa Ctrl + A (o Cmd + A) para seleccionar todo, y luego Ctrl + C.
  3. Pégalo en el Bloc de notas, en un correo en blanco o en cualquier campo de texto.
  4. Busca en el resultado alguna de las palabras que creías haber tapado.

Si aparecen, el documento no está censurado: está pintado. Y si te da pereza leerlo todo, pega el resultado en el contador de palabras y usa la búsqueda del navegador sobre el texto plano.

Hay una segunda prueba, para los casos en los que el texto está tapado pero no seleccionable: busca en el propio lector de PDF una palabra que debería estar oculta. Si el buscador la encuentra y te lleva a una zona negra, sigue ahí.

Cómo tacharlo de verdad

Solo hay una regla: el texto tiene que dejar de existir en el archivo, no quedar debajo de algo. Hay dos caminos serios.

Aplanar el documento a imágenes

Es el método más contundente y el que no depende de que ninguna herramienta haya hecho bien su trabajo. La idea es convertir cada página en una fotografía de esa página: al hacerlo, la capa de texto desaparece por completo, porque una imagen no tiene texto, tiene píxeles.

El circuito es este:

  1. Pinta las zonas a censurar como quieras, con la herramienta que tengas a mano. Aquí sí vale un rectángulo negro encima.
  2. Pasa el PDF a imágenes con PDF a imágenes. Cada página sale como un PNG o un JPG.
  3. Vuelve a montarlas en un solo documento con imágenes a PDF.

El resultado es un PDF en el que lo tachado no se puede recuperar de ninguna manera, porque literalmente no está. Las dos herramientas trabajan dentro de tu navegador, cosa que en un documento con información que estás intentando ocultar importa bastante: sería irónico proteger un párrafo subiendo el documento entero al servidor de un desconocido.

Lo que pierdes: el documento deja de ser buscable y ocupa más. Es el precio de la seguridad, y para un escrito que vas a enviar censurado suele ser un precio razonable. Si el destinatario necesita el texto, siempre puedes mandar aparte la parte no censurada.

Usar una herramienta de redacción de verdad

Los programas profesionales de PDF tienen una función llamada redact o «censurar» que borra el objeto de texto y luego dibuja la barra. No es lo mismo que el resaltador ni que el rectángulo de anotación, aunque estén en la misma barra de herramientas y se parezcan mucho. Si usas una, comprueba igualmente con la prueba de los diez segundos.

Los errores que se repiten

  • Pintar en Word y exportar a PDF. El texto sobrevive al pintado y sobrevive a la exportación. Es exactamente lo que se cree que pasó en el escrito de 2019.
  • Poner un rectángulo negro en un editor de PDF. Es una anotación, y las anotaciones se pueden mover o borrar.
  • Tapar con un recuadro blanco. Peor todavía: parece un espacio en blanco inocente y el texto está intacto.
  • Censurar y guardar en el mismo archivo. Algunos formatos guardan historial de cambios. Trabaja siempre sobre una copia y comprueba el resultado final, no el intermedio.
  • Olvidar los metadatos. El nombre del autor, el del archivo original o los comentarios pueden decir tanto como el párrafo tachado. Merece la pena revisarlos con el lector de metadatos.

Y si lo que quieres es leer un PDF, no censurarlo

El mismo principio funciona al revés y es perfectamente legítimo: si tienes un PDF cuyo texto necesitas reutilizar, no hace falta transcribirlo a mano. Pasarlo a Word te devuelve el texto editable. Solo hay un caso en el que no sirve: los PDF que son un escaneo, es decir, una foto de un papel. Ahí no hay capa de texto que extraer, y por eso, precisamente, un documento escaneado no tiene este problema de censura.

Las herramientas de las que habla este artículo

Todas funcionan dentro de tu navegador: tus archivos no se suben a ningún servidor.

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