Grabar cincuenta etiquetas NFC sin volverte loco
A la etiqueta doce ya no te acuerdas de cuáles llevas. Lo que hace traicionero este trabajo es que los fallos no dan error: se graban bien, y el problema aparece cuando un cliente se queja.
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Grabar una etiqueta NFC es fácil. Grabar cincuenta es otro problema, y no por el tiempo: por la contabilidad. A la etiqueta doce ya no te acuerdas de si la trece la hiciste antes de ir a por café. A la treinta, dos tienen el mismo enlace y no sabes cuáles.
Nadie cuenta esta parte porque casi todos los tutoriales de NFC están escritos para grabar una. Esto va de las otras cuarenta y nueve.
Los tres errores, y por qué son invisibles
Lo que hace este trabajo traicionero es que los fallos no dan error. La etiqueta se graba, el móvil dice que todo bien, y el problema aparece semanas después cuando un cliente se queja.
Grabar dos veces la misma etiqueta
Es el más común con diferencia. Coges una del montón equivocado, la grabas encima y acabas con una duplicada y otra en blanco. Como las etiquetas son idénticas por fuera, no hay forma de notarlo mirándolas.
Saltarte una
Menos grave, porque acabas con una etiqueta virgen que se detecta al probarla. Pero si ya la has pegado en la mesa 14 del restaurante, la detectas cuando un cliente te lo dice.
Perder la correspondencia
Cincuenta etiquetas grabadas correctamente, cada una con su enlace, y ni un papel que diga cuál es cuál. El día que haya que cambiar una, hay que leerlas todas para encontrarla.
La solución está grabada de fábrica en el chip
Todo chip NTAG lleva un número de serie único —el UID— escrito en fábrica en una zona que no se puede modificar. Son siete bytes que identifican esa etiqueta y ninguna otra, para siempre, la grabes las veces que la grabes.
Eso resuelve el primer problema de raíz: si el programa se acuerda de qué números de serie ya han pasado, te avisa en el momento de que esa etiqueta ya está hecha. No hay que fiarse de la memoria ni de los montones.
Y resuelve el tercero: al terminar tienes una lista de qué número de serie lleva qué contenido. Si mañana hay que cambiar la de la mesa 14, sabes exactamente cuál es.
Cómo se hace en la práctica
En grabar en serie el trabajo va así:
- Pegas la lista. Una línea por etiqueta: los cincuenta enlaces, los cincuenta números de mesa, lo que sea. De una hoja de cálculo, tal cual.
- Vas acercando etiquetas. El programa avanza solo a la siguiente línea cuando una se graba bien. No hay que pulsar nada entre una y otra: la mano no se separa del montón.
- Si repites una, te lo dice. Reconoce el número de serie y no la vuelve a grabar.
- Al final te descargas un CSV con qué contenido fue a qué número de serie. Ese archivo es el inventario, y es lo que te salva dentro de seis meses.
Todo ocurre dentro del navegador del móvil, sin instalar nada: es la misma tecnología que usa el grabador de una sola etiqueta. La lista de enlaces no sale del dispositivo y el CSV se genera ahí mismo.
Cuatro cosas que aprendes a la mala
Pide un 5 % de más
De un paquete de cien etiquetas suele salir alguna defectuosa de fábrica. Es normal y no es culpa del vendedor. Lo que no es normal es descubrirlo cuando te faltan tres para terminar y el pedido tarda dos semanas.
Comprueba que cabe antes de empezar, no en la etiqueta veinte
Si tu lista tiene enlaces de longitudes distintas, el más largo manda. Una NTAG213 tiene 144 bytes y una NTAG215 504. Si el enlace número 37 es el que lleva parámetros de seguimiento y se pasa, te enteras a mitad de faena. El grabador mide el contenido antes de intentarlo.
Separa físicamente los montones
Suena tonto y es lo que más ayuda: dos montones, sin grabar y grabadas, con espacio de verdad entre ellos. El software te protege de duplicar, pero no de perder media hora.
Bloquea al final, y solo si de verdad toca
Si las etiquetas van a quedarse donde el público las alcanza —mesas, mostrador, escaparate—, cualquiera con un Android puede reescribirlas en tres segundos. Ahí bloquear tiene sentido.
Pero el bloqueo es irreversible: fija unos bits que el hardware no puede volver a poner a cero. Una etiqueta bloqueada es de solo lectura de por vida. Antes de bloquear cincuenta, bloquea una y pruébala entera. Lo contamos con detalle en cuándo bloquear una etiqueta y cuándo no.
Cuándo esto compensa y cuándo no
Por debajo de diez etiquetas, hacerlo de una en una está bien y no necesitas nada de esto. A partir de veinte, el inventario deja de ser opcional. Y si son etiquetas que van a estar repartidas por sitios distintos —mesas, salas, máquinas, aulas—, el CSV vale más que el propio trabajo de grabar: es lo único que hace mantenible el montaje.
Si todavía no has comprado las etiquetas, mira antes el asesor de compra: comprar cien de las que no son es un error caro de deshacer.