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JPG, PNG o WebP: cuál pesa menos de verdad

La regla que todo el mundo repite es que JPG pesa poco y PNG pesa mucho. Es falsa la mitad de las veces, y falla justo en lo que más se comparte: capturas, logotipos y cualquier imagen con texto.

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La regla que todo el mundo repite es que JPG pesa poco y PNG pesa mucho. Es falsa la mitad de las veces, y la mitad en la que falla es justo la que más se da: capturas de pantalla, logotipos, gráficos y cualquier imagen con texto dentro.

Aquí está medido. Cogimos tres imágenes reales de este mismo sitio —las tarjetas que salen cuando compartes una página, de 1200 × 630 píxeles, con texto y zonas de color plano— y guardamos cada una en los tres formatos con la misma calidad:

ImagenPNGJPG (calidad 85)WebP (calidad 85)
Tarjeta de la portada52 KB75 KB32 KB
Tarjeta del generador de QR44 KB66 KB28 KB
Tarjeta del contador de palabras40 KB57 KB26 KB

En las tres, el JPG pesa alrededor de un 45 % más que el PNG. No es un caso raro ni un truco: es lo que pasa siempre que la imagen tiene bordes nítidos y superficies de un solo color.

Por qué pasa esto

JPG y PNG no comprimen igual porque no intentan lo mismo.

PNG busca repetición. Es compresión sin pérdida: guarda la imagen exacta, y para ahorrar espacio aprovecha que las filas de píxeles se parecen entre sí. Una zona de fondo de un solo color son miles de píxeles idénticos, y eso se resume en muy pocos bytes. Un texto negro sobre blanco es lo mismo: dos colores y bordes limpios.

JPG busca lo que el ojo no nota. Es compresión con pérdida: parte la imagen en bloques y tira el detalle fino que un ojo humano no distingue en una fotografía. Funciona asombrosamente bien con degradados, piel, cielos y hojas. Y funciona mal con lo contrario: un borde negro sobre blanco es exactamente el detalle fino que JPG está diseñado para descartar, así que lo guarda a regañadientes, ocupa más y encima deja esa suciedad gris alrededor de las letras que seguramente has visto alguna vez sin saber cómo se llamaba.

Dicho corto: el formato no depende de la imagen que tengas, depende de lo que haya dentro. Fotos, JPG. Pantallazos, dibujos y texto, PNG.

Y entonces, ¿WebP siempre?

En la tabla de arriba WebP gana las tres veces, y por mucho: pesa la mitad que el JPG. En fotografía también gana, aunque por menos.

Eso último no es opinión nuestra. Google publicó un estudio comparando los dos formatos sobre cuatro colecciones de imágenes —entre ellas las 24 fotos del conjunto Kodak, las 100 de Tecnick y unas 11.000 sacadas de un rastreo de la web— y la conclusión fue que WebP consigue archivos entre un 25 % y un 34 % más pequeños que JPEG con la misma calidad visual medida por SSIM.

Así que sí: si solo importara el peso, WebP siempre. Lo que pasa es que el peso no es lo único.

Las tres razones para no usar WebP

  • Te lo van a rechazar. Los navegadores lo abren todos desde hace años, pero mucho software de fuera de la web no: portales de trámites, sistemas de gestión antiguos, algunas impresoras online y no pocos formularios oficiales solo aceptan JPG o PNG. Si la imagen va a un sitio que no controlas, no arriesgues.
  • Quien la reciba puede no saber qué hacer con ella. Un WebP en un correo a un cliente es una pregunta más que responder. Un JPG, no.
  • Safari no sabe guardarlo. Puede verlos perfectamente, pero al exportar desde el navegador devuelve un PNG disfrazado de WebP. Nuestra herramienta lo detecta y desactiva la opción sola cuando pasa, en vez de darte un archivo que miente sobre lo que es.

La transparencia decide sola

Si la imagen tiene fondo transparente —un logotipo, un recorte, un sello para poner encima de otra cosa— la lista se acaba enseguida: PNG o WebP. JPG no admite transparencia, punto. Lo que hace al convertir es rellenar esas zonas de blanco, y no hay ajuste que lo evite.

Es la causa número uno de ese logotipo que de repente aparece dentro de un rectángulo blanco.

Cuando un formulario te rechaza el archivo

Es la situación en la que casi todo el mundo acaba aquí, y suele ser una de estas tres cosas. Merece la pena distinguirlas, porque la solución de una no arregla las otras.

  • «Formato no admitido.» Te pide JPG o PNG y le estás dando WebP, HEIC o AVIF. Es un cambio de formato y se arregla convirtiendo.
  • «El archivo es demasiado grande.» El formato le vale, lo que no le vale es el peso. Convertir a otro formato puede ayudar de rebote, pero lo que corresponde es comprimir sin cambiar de formato.
  • «Las dimensiones no son válidas.» No hablan de kilobytes sino de píxeles: un máximo o un mínimo de ancho y alto. Aquí no sirve ni convertir ni comprimir; hay que redimensionar.

Los mensajes de error de los formularios suelen decir «archivo no válido» sin especificar cuál de las tres es. Si te pasa, mira primero la extensión, después el peso en el explorador de archivos y por último las dimensiones en las propiedades de la imagen. Casi siempre salta a la vista en cuanto miras el número.

El error que sí estropea las fotos

Hay una cosa que hace más daño que elegir mal el formato: volver a guardar un JPG una y otra vez.

Cada vez que abres un JPG, lo tocas y lo guardas, se vuelve a comprimir con pérdida sobre lo que ya había perdido. Una vez no se nota. A la quinta o la sexta empiezan a salir manchas cuadradas en los degradados y halos alrededor de los bordes, y eso no se recupera: la información ya no está en el archivo.

PNG no tiene ese problema, porque no pierde nada nunca. Si vas a editar una imagen en varias sesiones, trabájala en PNG y exporta a JPG una sola vez, al final.

La regla, en cuatro líneas

  • Fotografía que va a salir de tu equipo → JPG.
  • Captura de pantalla, gráfico, logotipo o cualquier cosa con texto → PNG.
  • Necesitas fondo transparente → PNG (o WebP).
  • Es para tu propia web y controlas quién la abre → WebP, y ahorras entre un cuarto y la mitad.

Para pasar de uno a otro está el conversor de imágenes, que hace los tres formatos. Si lo que quieres no es cambiar de formato sino que la imagen pese menos sin cambiarlo, eso es otra cosa distinta y tiene su propia herramienta: comprimir imágenes.

Las dos funcionan dentro de tu navegador. Tus imágenes no se suben a ningún servidor, ni el nuestro ni el de nadie: es tu propio equipo el que hace la conversión.

Cómo repetir la medición

No hace falta que te fíes de la tabla. Coge una captura de pantalla tuya, pásala por el conversor a JPG y luego a PNG, y mira lo que pesa cada archivo. Si la captura tiene texto o interfaz —o sea, casi cualquier captura— el PNG saldrá más pequeño.

Después prueba con una foto del móvil y verás lo contrario, con una diferencia mucho mayor todavía. Eso es exactamente lo que dice el artículo, comprobado con tus propias imágenes en dos minutos.

Las herramientas de las que habla este artículo

Todas funcionan dentro de tu navegador: tus archivos no se suben a ningún servidor.

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