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Tu tarjeta de visita NFC por menos de lo que cuesta un café

El chip de una tarjeta de visita NFC cuesta menos que el envío. Lo caro es la impresión —que vale la pena— y el perfil alojado —que conviene mirar con lupa antes de repartir doscientas.

· 5 min de lectura

Busca «tarjeta de visita NFC» y lo que sale es una fila de tiendas. Cuarenta y cinco euros una. Treinta y cinco otra. Con diseño personalizado, sesenta. Ninguna te explica qué estás pagando exactamente, y merece la pena saberlo, porque el chip cuesta menos de lo que te cobran por el envío.

Esto no va de que las tiendas sean un timo. Va de que hay dos cosas metidas en el mismo precio, una barata y otra cara, y de que tú decidas si necesitas las dos.

Qué hay dentro de una tarjeta NFC, de verdad

Una tarjeta de visita NFC es una tarjeta de PVC del tamaño de un carné con una antena de cobre y un chip pegados dentro. El chip habitual es un NTAG215, y lo que sabe hacer es guardar 504 bytes y devolverlos cuando un móvil se le acerca. Nada más. No tiene batería, no tiene procesador y no se conecta a internet.

En Chile, cien tarjetas NTAG215 en blanco se venden por unos diez mil pesos. Eso son algo más de cien pesos por tarjeta. Sueltas, en pack de diez, salen por poco más de mil cada una.

Así que cuando pagas cuarenta y cinco euros, el chip es la parte insignificante. Estás pagando otras tres cosas.

1. La impresión, que sí vale dinero

Imprimir tu nombre y tu logo en PVC con calidad decente no es gratis ni es fácil de hacer en casa: hace falta una impresora de tarjetas. Si quieres una tarjeta que se pueda dar en una reunión sin que dé vergüenza, esto es un gasto legítimo.

2. Que alguien la grabe por ti

Esto es lo que ha dejado de valer dinero. Grabar una tarjeta es acercarla a un móvil durante dos segundos, y desde 2021 se puede hacer desde el propio navegador, sin instalar nada. Nuestro grabador de etiquetas NFC lo hace en la pestaña de contacto: rellenas los campos, ves cuánto ocupa y acercas la tarjeta.

3. Y la parte que conviene mirar con lupa: el perfil alojado

Muchas tarjetas comerciales no llevan tus datos dentro. Llevan un enlace a una página de perfil que aloja la empresa que te vendió la tarjeta. Suena mejor —puedes cambiar tu teléfono sin regrabar nada— y a veces lo es. Pero significa que:

  • El día que esa empresa cierre, suba precios o cambie de modelo, tu tarjeta apunta a una página muerta. Y las tarjetas ya están repartidas.
  • Quien te da la tarjeta sabe cuándo, cuántas veces y desde dónde la escanean.
  • Si dejas de pagar la suscripción, en muchos casos deja de funcionar.

No es una conspiración, es el modelo de negocio: la tarjeta es barata porque el dinero está en la cuota. Solo hay que saberlo antes, no después de repartir doscientas.

Las tres formas de hacerla tú, de menos a más

La ficha de contacto dentro del chip

Es lo más independiente que hay: tu nombre, tu teléfono, tu correo y tu empresa viajan dentro de la tarjeta. Sin internet, sin servidor de nadie, sin cuota. Quien la acerque ve la ficha y la guarda en su agenda.

El único límite es el tamaño, y aquí es donde la gente se estrella. Una ficha completa —nombre, apellidos, empresa, cargo, teléfono, correo, web y dirección postal— ronda los 280 a 400 bytes según lo largo que sea todo. En una NTAG213 barata de 144 bytes no entra, y el error que da la aplicación no lo explica. Por eso el grabador te cuenta los bytes antes de intentarlo, no después.

El enlace a una página tuya

Si ya tienes web, LinkedIn o Instagram, grabar el enlace ocupa entre 30 y 60 bytes y cabe hasta en la etiqueta más pequeña. Ventaja añadida: puedes cambiar lo que hay en esa página cuando quieras sin volver a tocar la tarjeta. Y a diferencia del perfil alojado del punto 3, la página es tuya.

Las dos cosas, que es lo que yo haría

Nada te obliga a elegir. Graba la ficha de contacto en el chip, para que funcione sin internet y sin depender de nadie, e imprime en la cara de la tarjeta un código QR con el enlace a tu web. El NFC lo usa quien tiene un Android moderno; el QR lo usa todo el mundo, incluido cualquier iPhone y cualquier persona a la que le dé apuro acercar el móvil a algo.

Lo que te va a costar de verdad

Contando el caso más caro, el de comprar solo diez tarjetas en vez de cien:

  • La tarjeta en blanco: entre 100 y 1.400 pesos, según cuántas compres.
  • Grabarla: cero. Dos minutos y un móvil Android.
  • Imprimirla: aquí sí, lo que cobre una imprenta de tu ciudad por imprimir sobre PVC. O nada, si te vale lisa.

Si no tienes claro qué chip pedir, el asesor de compra te lo dice en tres preguntas, contando los bytes de lo que tú vas a guardar y no los de un ejemplo genérico.

Dos avisos antes de repartirlas

Pruébala en un móvil que no sea el tuyo. Es la comprobación que nadie hace y la que descubre los problemas de verdad. Si vas a repartir tarjetas, que una funcione en el tuyo no basta.

Piensa si quieres bloquearla. Una tarjeta NFC sin bloquear la puede reescribir cualquiera con un Android en tres segundos. Si la vas a dejar en un mostrador, bloquéala. Si la llevas tú en la cartera, mejor no: el bloqueo es irreversible y el día que cambies de teléfono tendrás que tirar la tarjeta. Puedes ver lo que hay dentro de cualquier etiqueta, y bloquearla si toca, en la pestaña de leer y comprobar.

Las herramientas de las que habla este artículo

Todas funcionan dentro de tu navegador: tus archivos no se suben a ningún servidor.

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