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El wifi de tu local sin cantar la contraseña en voz alta

Se puede acabar con la pizarra de la contraseña en tiza. Pero hay dos formas de hacerlo, no una, y conviene poner las dos: cada una deja fuera a media clientela.

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Hay un ritual en todos los bares del mundo. Alguien pregunta por el wifi, el camarero señala una pizarra con la contraseña escrita en tiza, el cliente la teclea mal dos veces, y a la tercera pregunta si la ele es mayúscula.

Se puede quitar entero. Y hay dos formas de hacerlo, no una: conviene poner las dos, porque cada una deja fuera a media clientela.

Lo que de verdad se guarda en la etiqueta

Cuando grabas una red wifi en una etiqueta NFC no estás guardando un texto que diga «la clave es tal». Se guarda una estructura de datos del estándar Wi-Fi Simple Configuration: el nombre de la red, el tipo de seguridad, el cifrado y la clave, cada cosa en su campo.

Android lo reconoce de fábrica. Al acercar el móvil sale una ventana ofreciendo conectarse, y el cliente no teclea nada. No hace falta instalar nada ni en tu móvil ni en el suyo.

Puedes hacerlo en la pestaña de Wifi del grabador de etiquetas: nombre de la red, seguridad y contraseña, y ya está.

El pero grande: el iPhone no lo lee

Y hay que decirlo antes que nada, porque es lo que hace que la gente monte esto y se lleve un chasco: el iPhone no se conecta a redes wifi por NFC. Apple usa su propio sistema para compartir claves entre dispositivos suyos, y no lee el formato estándar.

No es un fallo de tu etiqueta ni del móvil del cliente. Es que ese camino no existe en iOS.

Por eso un cartel de wifi bien hecho lleva las dos cosas: la etiqueta NFC para quien tiene Android, y un código QR de wifi impreso al lado, que funciona en cualquier móvil con cámara, iPhone incluido. Con las dos cubres a todo el mundo; con una sola, a la mitad.

Antes de pegar nada: piensa dónde

Esto es lo que casi nadie dice y es lo más importante de todo. Cualquiera que pueda tocar la etiqueta puede sacar tu contraseña. No hay que ser un experto: basta con acercar un móvil, y algunas aplicaciones te enseñan la clave en texto.

Así que la pregunta no es «¿dónde se ve mejor?», es «¿quién puede llegar hasta aquí?».

  • Dentro del local, a la vista del personal: bien.
  • En la mesa de una terraza, de noche, con el local cerrado: mal.
  • En el escaparate, mirando a la calle: mal.

Y usa la red de invitados

Este es el consejo que vale por todo el artículo. No pongas en la etiqueta la contraseña de tu red principal, esa en la que están el ordenador de la caja, la impresora, las cámaras y el disco donde guardas la contabilidad.

Casi cualquier router moderno permite crear una red de invitados: da internet y no ve el resto de la red. Es media hora de configuración, se hace una vez, y convierte «alguien copió mi clave» de un incidente en una anécdota.

Bloquea la etiqueta cuando esté probada

Una etiqueta sin bloquear la reescribe cualquiera con un Android en tres segundos. En un cartel de wifi que se queda a la vista, eso significa que alguien puede cambiar tu red por otra suya y quedarse escuchando el tráfico de tus clientes.

Cuando la tengas grabada y probada de verdad, déjala en solo lectura desde la pestaña de leer y comprobar. Ojo: el bloqueo no se puede deshacer, así que hazlo cuando estés seguro, y ten en cuenta que si cambias la contraseña del wifi tendrás que grabar una etiqueta nueva. Lo contamos en cuándo bloquear una etiqueta y cuándo no.

Qué etiqueta hace falta

Poca cosa. Un registro de wifi normal ocupa alrededor de 70 a 110 bytes según lo largos que sean el nombre de la red y la clave, así que entra de sobra en la etiqueta más barata que existe, una NTAG213 de 144 bytes. Aquí no hay que gastar de más.

Lo que sí importa es dónde la pegas: si va en una superficie metálica —una barra, una caja, un marco de aluminio— necesitas una etiqueta on-metal o no responderá. Si tienes dudas, el asesor de compra lo resuelve en tres preguntas.

Un detalle sobre nuestra propia herramienta

Al enlazar desde el grabador hacia el generador de QR verás que no te llevamos la contraseña puesta y hay que escribirla otra vez. Es a propósito: pasarla por la dirección sería cómodo, pero esa dirección acabaría guardada en el historial del navegador y en cualquier registro por el que pasara. Son diez segundos de teclado a cambio de que tu clave no quede escrita en tres sitios más.

Las herramientas de las que habla este artículo

Todas funcionan dentro de tu navegador: tus archivos no se suben a ningún servidor.

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