NFC o QR: cuál poner, y por qué casi siempre los dos
La respuesta honesta decepciona un poco, porque casi siempre es «los dos». Pero el «casi» tiene excepciones claras en las dos direcciones, y conviene saber cuáles.
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Es la pregunta que llega antes que cualquier otra: si voy a montar esto, ¿pongo una etiqueta NFC o un código QR? Y la respuesta honesta decepciona un poco, porque casi siempre es los dos. Pero conviene entender por qué, porque el «casi» tiene excepciones claras en las dos direcciones.
La diferencia de fondo
Un código QR es un dibujo. La información está en el dibujo, se lee con la cámara y no hay ningún componente electrónico: es tinta.
Una etiqueta NFC es un chip con una antena. No tiene batería: la energía se la da el móvil al acercarse, y la información viaja por radio a unos pocos centímetros.
De ahí sale todo lo demás.
Dónde gana el QR
- Lo lee todo el mundo. Cualquier móvil con cámara, de cualquier año, de cualquier marca. Esta es la ventaja decisiva y ninguna otra la compensa.
- Cuesta cero. Se imprime. Poner mil QR cuesta lo que la tinta.
- Funciona a distancia. Un QR grande en un escaparate se escanea desde la acera. El NFC exige tocar, literalmente.
- Le da igual el metal. Y el agua, y el frío.
- Se puede fotocopiar, mandar por WhatsApp, poner en un vídeo.
Dónde gana el NFC
- Con poca luz. Un local en penumbra, un pasillo, de noche. El QR necesita que la cámara vea; el chip no.
- Sin apuntar. Encuadrar un cuadrado con la cámara es un gesto que no todo el mundo domina. Acercar el móvil a un punto marcado es más fácil, sobre todo para gente mayor.
- Se puede esconder. Debajo del barniz, dentro de un soporte, bajo el canto de una mesa. Un QR tiene que verse.
- No se copia con una foto. Cualquiera puede fotografiar tu QR y pegarlo en otro sitio. El chip hay que robarlo físicamente.
- Se puede bloquear. Una vez en solo lectura, nadie cambia lo que hay dentro.
- Queda mejor. Suena frívolo y no lo es: en una tarjeta de visita o en una mesa cuidada, un cuadro negro rompe el diseño.
Las excepciones, que son las que importan
Solo QR, sin dudarlo
Si lo que montas se ve a distancia —escaparate, cartel, valla, pantalla, folleto—, el NFC no sirve para nada: nadie va a apoyar el móvil en un escaparate. Y si lo que compartes es el wifi, el QR es el único que funciona en iPhone, porque iOS no lee redes wifi por NFC.
Solo NFC, sin dudarlo
Si es una tarjeta de visita y quieres que se vea bien, o si la etiqueta va escondida a propósito, o si necesitas que nadie pueda duplicarla con una foto. También cuando el gesto forma parte de la experiencia: acercar el móvil a un objeto tiene algo que escanear un cuadrado no tiene.
Los dos, que es el caso normal
En cualquier sitio donde vaya a pasar público variado: mostrador, mesa, sala de espera, recepción. Ahí no sabes qué móvil lleva cada uno, y poner solo NFC deja fuera a todos los iPhone antiguos y a los Android sin chip.
La combinación estándar que funciona: la etiqueta escondida y el QR pequeño impreso al lado, con una línea que explique el gesto.
Lo que cuesta cada cosa, en serio
El QR es gratis: se genera y se imprime. Nuestro generador de códigos QR lo hace sin registro y sin caducidad, y la calculadora de impresión te dice si al tamaño que vas a imprimirlo cada cuadradito conserva el mínimo que necesita una cámara de móvil. Ese detalle es responsable de la mitad de los QR que no escanean.
La etiqueta NFC cuesta unos cientos de pesos por unidad si compras por pack. Y grabarla es gratis: desde un Android se hace desde el navegador, sin instalar nada.
El error de bulto: elegir por moda
El NFC suena más moderno y por eso se elige mal a menudo. Antes de decidir, dos preguntas que resuelven casi todos los casos:
- ¿La gente va a poder tocarlo? Si no —está detrás de un cristal, en alto, lejos—, es QR y punto.
- ¿Sabes qué móviles tiene tu público? Si no lo sabes, son los dos.
Y si el sitio donde va es metálico, hay una tercera: una etiqueta normal sobre metal no responde en absoluto, así que o compras on-metal o te quedas con el QR.
Si después de esto sigues con dudas sobre qué etiqueta comprar, el asesor de compra lo resuelve en tres preguntas y te dice también cuándo la respuesta correcta es no comprar ninguna.