Etiquetas NFC para marcar equipos, cajas y material
En todos esos sitios hay una libreta, una hoja de cálculo o un chico que se sabe dónde está cada cosa. Y ese sistema falla el día que el chico está de vacaciones.
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Un taller con cuarenta máquinas. Un colegio con doscientos portátiles. Una empresa de eventos con cajas de material que salen y vuelven cada fin de semana. En todos esos sitios hay una libreta, una hoja de cálculo o un chico que se sabe dónde está cada cosa, y en todos ese sistema falla el día que el chico está de vacaciones.
El NFC resuelve una parte concreta de esto, y conviene saber cuál, porque no es «llevar el inventario»: es que el objeto sepa decir quién es.
El problema real no es el código de barras
Etiquetar cosas ya se hace con etiquetas impresas y códigos de barras, y funciona. Lo que no funciona tan bien es todo lo demás:
- La etiqueta impresa se borra. Un año de manos, aceite o limpiador y no hay quien lea el código.
- Hay que verla para leerla. Si está en la parte de abajo de una máquina o en el fondo de una estantería, hay que mover la máquina.
- Hace falta luz. En un almacén mal iluminado, con una cámara de móvil, es una pelea.
- Y hace falta un lector. O una app de escaneo, que alguien tiene que instalar y aprender.
Una etiqueta NFC se lee sin verla, en la oscuridad, a través de una capa de suciedad o de una funda de plástico, y con el móvil que la persona ya lleva encima.
Qué grabar dentro: un enlace, no la ficha
Es la decisión que determina si el montaje sirve en dos años o se queda obsoleto en tres meses.
La tentación es grabar los datos del equipo dentro del chip: modelo, número de serie, fecha de compra. Y es un error, por dos motivos. Primero, que no cabe gran cosa: la etiqueta más grande de uso corriente tiene 888 bytes. Y segundo, y más importante: el día que cambie algo —una reparación, un traslado, un responsable nuevo— habría que ir físicamente a cada equipo a regrabarlo.
Lo que funciona es un enlace con un identificador, del tipo tuempresa.cl/equipo/A-142. Ocupa unos 40 bytes, cabe en la etiqueta más barata que existe, y toda la información vive en tu hoja de cálculo o en tu sistema, donde se puede cambiar sin tocar nada.
Si no tienes ningún sistema todavía, sirve incluso un enlace a una fila de una hoja de cálculo compartida. Lo importante es que el chip lleve la dirección, no los datos.
El número de serie del chip, que te dan gratis
Aquí hay algo que casi nadie aprovecha. Todo chip NTAG lleva de fábrica un número de serie único e inmodificable: siete bytes que identifican esa etiqueta y ninguna otra en el mundo, para siempre.
Eso significa que tienes dos identificadores por objeto: el que tú grabas y el que trae el chip. Y el segundo no se puede falsificar reescribiendo la etiqueta. Si alguien copia el contenido a otra etiqueta, el número de serie será distinto.
Para un inventario normal da igual. Para material que sale del edificio, o para control de acceso a equipos, es la diferencia entre una etiqueta y una etiqueta de verdad.
Cómo montar doscientas sin perder la cabeza
Este es el trabajo real, y es donde se abandona. Grabar doscientas etiquetas de una en una, apuntando cuál es cuál en un papel, es media jornada y termina con errores.
En grabar en serie:
- Pegas la lista de los doscientos identificadores, tal cual, desde tu hoja de cálculo.
- Vas acercando etiquetas. Avanza sola a la siguiente cuando una se graba bien.
- Si repites una por error, lo detecta por el número de serie y te avisa.
- Al final descargas un CSV con qué identificador quedó en qué chip.
Ese CSV es el activo. Es lo que te permite, dentro de dos años, saber qué etiqueta física corresponde a qué equipo sin ir a leerlas todas. Los detalles y los tres errores clásicos están en grabar cincuenta etiquetas sin volverte loco.
Qué comprar para esto
Tres decisiones, y las tres se equivocan a menudo:
El chip: el más barato basta. Un identificador ocupa cuarenta bytes y una NTAG213 tiene 144. Aquí no hay que gastar.
El material: no papel. Material que se manosea, se moja o vive en un taller necesita epoxi o PET, no una pegatina de papel. La diferencia de precio es pequeña y la de duración no.
Y el metal, que es lo que arruina estos proyectos. Máquinas, estanterías metálicas, portátiles, cajas de herramientas: son casi todo metal, y una etiqueta normal sobre metal no responde en absoluto. Si tu inventario es de equipos, das por hecho que necesitas etiquetas on-metal y compras una para probar antes del pedido grande.
El asesor de compra pregunta exactamente esas tres cosas y te da la frase literal para buscar en la tienda.
Y bloquéalas al final
Etiquetas repartidas por un edificio con gente entrando y saliendo son etiquetas que cualquiera puede reescribir con un Android en tres segundos. Cuando el montaje esté probado, déjalas en solo lectura. Eso sí: el bloqueo es irreversible, así que bloquea una y comprueba el circuito entero antes de tocar las otras ciento noventa y nueve.